Hola familias!!
Ahora que sabéis lo que cuesta organizar una convivencia, espero poder convenceros de que merece la pena el esfuerzo 😉.
Viernes tarde, se llega al cole y se recoge a los peques como siempre, pero a diferencia de otras veces, hay un cierto nerviosismo en el ambiente, las frase «pasad buen finde» tiene otro significado. Y así, coges a tus peques y las familias con las que compartes el coche y te vas a pasar el finde a un albergue con un montón de gente del cole, algunos son amigos, a otros los conoces de vista o de alguna vez que te han presentado de casualidad, porque no van a tu clase y a priori no tenéis nada en común. Pero sí, hay algo muy importante en común, nuestros peques van al mismo cole, pertenecen a la misma comunidad educativa, los que llevan más tiempo han pasado por donde están los más nuevos.
Esta vez, la llegada al alberge Valle de los Abedules del viernes estuvo bastante sincronizada, tuvimos muy buena acogida por los coordinadores (Javier y Ricardo) y el resto de personal que estaba allí. Hicimos un checkin rápido, tardamos poco en reparto de habitaciones (porque ya las traíamos organizadas) y, como había piscina, había que intentar aprovechar los rayos de sol de la tarde para darse un chapuzón. Ahí ya se veía la complicidad de esos peques que en lugar de decirse «nos vemos el lunes», se habían dicho «nos vemos en un rato».
El albergue estaba muy bien, tenía mucho espacio cubierto de bosque, con un arroyo y senderos para pasear, reconocer, investigar y compartir.




Llegó el momento de la cena y todos estábamos allí listos para compartir ese ratito, juntamos las mesas todo lo que pudimos y disfrutamos.

Después de la cena los peques siguieron con sus aventuras por el albergue y las familias tuvimos un rato de sobremesa repartidos entre el comedor y la entrada principal, y tocó la ronda de presentaciones para conocernos un poco más. Cuando empezó a anochecer nos fuimos juntos paseando y buscando una explanada para observar y aprender un poco más del cielo de verano (gracias Esther y Fernando 🤗).
De ahí, todo el mundo a dormir compartiendo las habitaciones de 8 y bajando al baño a la planta de abajo, pero salvo por las escaleras, creo que no hubo más molestias por esto.
Sábado mañana, con los primeros rayos del sol ya se oía a los primeros peques en despertarse y vestirse corriendo para ir a buscar a sus iguales para prepararse y seguir reconociendo el terreno y esperando la llegada de familias que madrugaban para llegar pronto al albergue. Cafecitos mañaneros, conversaciones varias y a desayunar para coger energía.


Después de desayunar, nos acoplamos en coches y subimos al parking del Puerto de Canencia, aunque subían muchas bicis, tardamos unos 20 minutos en llegar y allí nos encontramos casi todas las familias (salvo 2, que llegaron más tarde).
Antes de empezar la ruta, se nos olvidaron las presentaciones (como siempre), pero llegaron unos compañeros de ruta (Gandalf-son y la hada de otoño) que sirvieron para motivar a los peques para hacer la ruta sin estar preguntando «falta mucho?».


La ruta estuvo muy bien, por la cara norte del puerto, con mucha sombra, fresquitos, y con la tarea de encontrar 7 llaves perdidas desde hace años antes que de nuestro antagonista (al que por suerte no nos encontramos) las cogiera y cerrara los mares (o los espacios aéreos) entre los continentes.
Subidas, bajadas, miradores, mucha vegetación, arroyos, puentecitos de piedra, chorreras, vistas chulísimas y una compañía inigualable. Hasta encontramos la olla de un duende, que en lugar de tener monedas de oro, tenía macarrones…










Después del paseo… vuelta al albergue y chapuzón en la piscina, para llegar con hambre a la cena.

Y después de la cena, de nuevo a aprender cosas sobre el cielo de verano, aprovechando que había menos nubes que la noche anterior (gracias de nuevo a Esther y a Fernando, que están medio convencidos para preparar talleres de astronomía 🤗).
Noche cerrada, silencio, descanso y la mañana siguiente, los primeros rayos del sol despertaron a menos gente, a algunos hubo que ir a llamarles a la habitación porque no llegaban al desayuno.
De nuevo, desayuno potente para afrontar la mañana, y de nuevo, ronda de presentación entre familias (por no hacerlo antes de empezar la ruta), recoger las habitaciones y resto de mañana de piscina, salvo cuatro adultos que se quedaron con ganas de andar y se dieron un paseo hasta Bustarviejo.


Después, nos prepararon un cocidaco que nos vino de lujo para recuperar energía para dar los últimos paseos por el recinto antes de volvernos para casa.

Y cuando llegas a casa, y te tomas el ibuprofeno, es cuando repasas mentalmente el fin de semana, ves que las familias y los peques se lo han pasado en grande y lo han disfrutado, y te das cuenta de que todo el esfuerzo, ha merecido la pena.
Creo que si hemos sido capaces de organizar estas convivencias, cualquiera puede hacerlo en ratitos, por lo que os motivo a que cojáis el testigo y organicéis la siguiente. Os dejamos el otro artículo para que os hagáis una idea del proceso.
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.»
Eduardo Galeano
Un comentario sobre “Convivencia junio 2024”